El origen o la razón por la que en una
determinada situación laboral comienzan a gestarse conductas
de acoso hacia uno de los trabajadores puede ser muy diverso. Las
explicaciones pueden ir desde importantes
diferencias o conflictos de cualquier naturaleza entre el acosador
y el acosado, hasta situaciones en las que este tipo de comportamientos no
dejan de ser sino una especie de
"distracción" para los acosadores.
Los aspectos bajo los que se favorece la
aparición de este tipo de conductas se encuentran ligados
a: la organización del trabajo y la gestión de los conflictos por parte
de los superiores.
Respecto a los aspectos de organización
del trabajo, los estudios empíricos han mostrado una
importante relación entre la aparición de conductas de mobbing y una
organización pobre o deficiente del trabajo. Estas
conductas se ven favorecidas en organizaciones con un método
de trabajo y producción con una organización extremadamente pobre, con
ausencia de interés y apoyo por parte de los
superiores, con ausencia de relación con éstos, con ausencia
de posibilidades de colaboración o mejora relativas a cuestiones
personales, con la existencia de múltiples
jerarquías, con cargas excesivas de trabajo debido a escasez de la plantilla
o mala distribución de la misma, con una deficiente organización diaria
del trabajo, con la existencia de líderes
espontáneos no oficiales, con un trabajo con bajo contenido, monótono
y con escasa autonomía, con conflictos de rol, con flujos pobres de
información, con ausencia de conversaciones sobre
tareas y objetivos, con objetivos de trabajo no establecidos
o poco claros, con actitudes contrarias a la innovación, con estilos de
dirección autoritaria, etc.
Otro factor es la gestión del conflicto
por parte de los superiores. Hay dos posiciones que pueden
adoptar los superiores que ayudan a incrementar la escala del conflicto:
de un lado, la negación del mismo y, del otro, la
implicación y participación activa en el conflicto con el
fin de contribuir a la estigmatización
de la persona acosada. Si la negación del conflicto impide
tomar medidas correctoras, contribuyendo a que siga su curso habitual de
escalada, la entrada de la jerarquía en la
dinámica del mobbing, alineándose con los acosadores, introduce
un incremento cualitativo de gravedad en el problema puesto que, de un
lado, la víctima ve descartada una de las
posibilidades de solución (la intervención del poder de dirección)
y, de otro, el abanico de conductas de acoso puede verse incrementado (pudiendo
aparecer conductas de mobbing ligadas al control formal de la
organización: